“In patientia vestra possidebitis animas vestras”
“Con su perseverancia salvarán sus almas”
Sermón del XXXIII Domingo del Tiempo Ordinario
Rvdo Aarón de IHS León, MC
Hoy el Evangelio nos muestra una escena llena de contraste. Algunas personas admiran la belleza del Templo y la firmeza de sus muros, y en ese mismo momento Jesús anuncia que llegará el día en que no quedará piedra sobre piedra. Esta palabra no pretende infundir miedo, sino revelar un misterio espiritual decisivo. Dios permite que se derrumbe lo que no puede sostener el alma para edificar lo que verdaderamente permanece. Para comprender esta enseñanza vale recordar un episodio decisivo en la vida de Georg Friedrich Händel. A los cincuenta y seis años parecía haber llegado al final de su carrera. Estaba enfermo, endeudado, traicionado por antiguos colaboradores y sin trabajo. Todo lo exterior se desmoronaba igual que el Templo del que habla Jesús. En ese momento oscuro recibió el libreto de un oratorio compuesto íntegramente con palabras de la Escritura. Se encerró durante veinticuatro días sin buscar aplausos ni seguridad. Solo él y la Palabra de Dios. De ese silencio interior nació su obra El Mesías, y cuando terminó el coro del Aleluya escribió: “Me pareció ver el cielo abierto”. Esta experiencia refleja la lógica del Evangelio. Cuando lo visible se cae, Dios hace nacer lo invisible.
La primera lectura anuncia un día en que los soberbios serán como paja, pero también proclama que para quienes temen al Señor brillará un Sol de justicia. El texto latino dice: “Orietur vobis sol iustitiae et sanitas in pennis eius”, que significa “Para ustedes brillará el Sol de justicia y la salvación en sus rayos”. No se trata de un fuego que destruye sin sentido, sino de un fuego que purifica. Dios no comienza castigando, sino mostrando qué es eterno y qué pertenece al polvo.
En la segunda lectura san Pablo defiende el valor del trabajo constante y sencillo. Recuerda una sentencia clara: “Si quis non vult operari nec manducet”, que significa “El que no quiera trabajar, que no coma”. No es una frase severa, sino una pedagogía espiritual. La perseverancia cristiana no nace de emociones pasajeras, sino de la fidelidad humilde de cada día. Así como Händel, desde el silencio y la pobreza, dio a luz su obra más grande, también el alma crece cuando trabaja con serenidad y constancia.
En el Evangelio Jesús aconseja: “Videte ne seducamini”, que significa “Cuídense de que nadie los engañe”. Habrá guerras, temores, persecuciones e incluso traiciones familiares, pero nada de eso implica abandono. El Señor afirma: “Capillus de capite vestro non peribit”, que significa “Ni un cabello de su cabeza perecerá”. Aunque todo alrededor se mueva, Dios permanece. Por eso Jesús concluye con una frase que define toda nuestra vida espiritual: “In patientia vestra possidebitis animas vestras”, que quiere decir “Con su perseverancia salvarán sus almas”. La salvación no depende de grandes gestos visibles, sino de permanecer unidos a Dios cuando todo lo demás parece inestable. Perseverar no es apretar los dientes, sino permitir que Dios sea nuestra fortaleza. San Agustín lo expresa así: “Perseverantia donum Dei est”, que significa “La perseverancia es un don de Dios”. Y también: “Inquietum est cor nostrum donec requiescat in Te”, que quiere decir “Nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en Ti”.
Este Domingo nos recuerda que cuando algo se derrumba no siempre es un final. Muchas veces es el comienzo de la obra nueva que Dios quiere realizar. Lo que el mundo juzga como destrucción, Dios lo transforma en crecimiento. Lo que parece oscuridad, Él lo ctonvierte en luz. Y quien persevera, incluso en el silencio y sin ser visto, encuentra su alma sostenida por el amor de Dios.
Así como Händel vio el cielo abierto en medio de su noche más difícil, también nosotros veremos la luz de Dios si perseveramos cuando todo alrededor parece caer.
Laudetur Iesus Christus
Rvdo. Aarón de IHS León, M.C.
“Non enim erubesco Evangelium”
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